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martes, 1 de junio de 2010

GEOLOGÍA AÉREA
Capítulo 2: Bahamas

Por Carlos García Royo, piloto de la flota Airbus A-340

Parece plausible que la escasa profundidad de las aguas en el archipiélago, cantidad de bajíos plenos de pecios dan nombre al mismo en clara referencia a que sus islas son visibles durante los periodos de bajamar.

Bajíos de Bahamas
                        
Bajamar por Bahamas, jota por hache, erre por ese, una permuta fácil para la corrupción fonética del término descriptivo castellano, deformación que en idioma sajón toma el nombre de Bahamas “shallow water”, aguas someras, con bajíos y bancos de arena propicios para embarrancar, encallar.

Frente a esa fuente de arena, luego rocas calizas, vulgo piedras, queda en ellas la nave sin movimiento varada con violencia encallando en el fondo somero.

Este archipiélago, de unas 700 islas y cayos, islas rasas, de relieve escaso, anegadizas y cubiertas de mangle o por extensas llanuras mareales de algas, ver imagen del oeste de la isla de Andros, tiene también casi 2400 islotes, paisajes yermos y estériles de piratas de antaño.


Llanura mareal, costa oeste de la isla de Andros, nótese la diferencia de color: tonos verde claro, plantas con bajo contenido en clorofila en las plantas próximas al agua, cubiertas durante la pleamar. Las verde oscuro tienen mayor contenido en cloroplastos para realiar la fotosíntesis

De Gran Bahama a Inagua, a lo largo de 1120 Km. discurren en sucesión estos alineados materiales de naturaleza orgánica, carbonatos, entre los 20º y los 25º de latitud norte.

Isla Guanahani, San Salvador, o Watling, primera avistada por Colón en su descubrimiento, 12 de Octubre de 1492.

Tal vez movido por los alisios fuera a parar el navegante a tan paradisíaco entorno, formado por arenas blancas de carbonatos de fragmentos de conchas de bivalvos, gasterópodos, fragmentos de coral, espículas de esponjas, algas coralináceas, dasicladaceas y demás elenco de restos vivientes que pueblan tan cálidos mares.

A sotavento, al abrigo del viento, las playas desnudas de sedimentos y dunas deflactadas se cementan con el paso del tiempo,

Imagen microscópica, de las arenas de bioclastos
                                          

Espiculas de esponjas, de equinidos, fragmentos de corales, de conchas. Sedimentos que generarán la roca

Sube y baja la mar con un rango mareal sostenido, inferior a 1 metro, aporta los carbonatos que cementan los granos, el Sol de estas latitudes evapora el agua de los capilares en las arenas que formarán las rocas. El tiempo hace el resto, cristaliza el cemento, véanse los cristales translucidos de calcita cristalina alrededor de los fragmentos oscuros de la foto anterior. 


Cayo Joulters, notese la concavidad a sotavento de la antigua playa

Para perder el tiempo en idílicos parajes, ocio que no negocio, negación del mismo, estas son las imágenes que se pueden ver desde vuelos a Miami (IB 6122), Costa Rica (IB 6313), o Guatemala (IB6347).

Feliz estancia, feliz sueño, viajes imaginarios a lugares a través de simples imágenes, de Gea la bella, nuestra Tierra.

martes, 13 de abril de 2010

GEOLOGÍA AÉREA
Capítulo 1: La Cuerda Larga

Por Carlos García Royo, piloto de Iberia- flota Airbus A340

Amanecer en la sierra de Guadarrama

La Cuerda Larga, en la sierra del Guadarrama, 15 de mayo 2004. Vuelo IBERIA-IB6250 Nueva York- Madrid.

Cámara: Nikon E4300, f/13,4 a 1/156 seg. ISO 100, long. focal de 35 mm: 114
La cuerda Larga, en la sierra del Guadarrama. Vista al Este en un vuelo de regreso Nueva York Madrid.

Amanece, el sol ilumina las cumbres de rocas graníticas y metamórficas. La Maliciosa, prominente a la derecha, la Cuerda Larga, detrás, La Bola del Mundo, (el alto de Guarramillas), con sus antenas de un pasado mundo analógico, repetidor de antaño. Le siguen hacia el este el cerro de Valdemartín, Cabezas de Hierro, la loma del Pandasco.

A sotavento unos “cumulus humilis”, la humilde nubosidad del buen tiempo que no dará sus aguas al Guadarrama, “el río del arenal”, topónimo árabe del que toma su nombre el macizo.

Guadarrama, agua que se “derrama”, formas rocosas, divisorias de ríos, Duero al norte, Tajo al sur.

Al fondo, el segundo cordal, la Pedriza; laberíntico enclave rocoso que tanto impresionaba a Unamuno, como una “escombrera de castillos de mano de Dios”. Una tenue sintonía de azul y gris, deleite visual de un amanecer.